En competición en la Mostra de Venecia 2026, Retorno a Buenos Aires cuenta la historia de Mariano Guerra quien, tras treinta y tres años en Italia, regresa a Argentina para testificar en el juicio contra los exmilitares que lo secuestraron, torturaron y esclavizaron durante la dictadura. Alojado junto a otros sobrevivientes en las dependencias del Ministerio de Justicia mientras espera su declaración, Mariano se ve obligado a enfrentarse a lo que significa haber quedado con vida. Ana Celentano, Verónica Jerez y Olivia Nús, tres de las protagonistas de la película, hablan con David Martos sobre la emoción de presentarla en Venecia, la conexión entre el pasado argentino y la crisis política y cultural actual, las dificultades para filmarla en Argentina, y el trabajo con el director Marco Bechis.
La Emoción de Llegar a Venecia con Esta Película
Preguntadas por cómo viven la emoción de presentar en un festival de clase A una película tan potente sobre la memoria, Nús describe una mezcla de sentimientos: “Venir acá y encontrarnos con el festival, que es algo tan soñado, e imágenes que uno ve siempre desde Argentina y un poco sueña con eso. Llegar acá con esta película que habla sobre la historia argentina nos da mucha emoción. Hubo momentos de mucha felicidad y alegría, y también momentos de mucha emoción, algo muy profundo que pasa dentro: es una mezcla de emociones muy linda”.
Jerez coincide, y liga esa emoción al momento político que atraviesa el país: “Cuando Ana hablaba de nuestra historia y de traer esta historia argentina a un film italiano y brasileño, porque es una coproducción, se siente muy fuerte y muy emocionante, porque en este momento estamos viviendo una crisis cultural y política muy grande en Argentina con un presidente nefasto, y se siente muy fuerte un compromiso y una responsabilidad muy grande. Estamos muy felices de estar en este festival y también muy emocionadas”.
Celentano describe la misma mezcla de orgullo y dificultad: “Muy movilizadas, hasta que cuesta hablar. Para nosotras como actrices, estar acá es una fiesta, porque es un festejo del cine”.
Una Conexión entre el Pasado y el Presente
Preguntada sobre cómo esta historia conecta el pasado argentino con el presente que están viviendo, Celentano traza una línea entre la cabeza de aquel aparato represivo y la política actual: “La película tiene su historia clara en el presente, pero la cabeza de ese monstruo que estuvo ahí en esa época es la que hoy está llevando adelante una política específica en la Argentina. Es como abrirle la puerta de nuevo al infierno”.
Aclara que no equipara las condiciones actuales con las de la dictadura, pero advierte de una continuidad: “Si bien las condiciones materiales de lo que está pasando en la Argentina no tienen que ver con secuestros y con los niveles de violencia y de terrorismo de estado, sí hay una violencia sobre la población todos los días que es la antesala de eso. Entonces, es un llamado de atención”.
Y recuerda una reflexión del propio director sobre el lugar del sobreviviente ayer y hoy: “Marco decía: bueno, también somos sobrevivientes, tratando de decir que lo que se viene puede ser peor, porque nosotros ya lo vivimos”.
Un País que Exilia a Su Cine
Celentano señala también que la producción de la película, hecha por Italia y Brasil, refleja el mismo tema que cuenta: “Más allá de las cuestiones económicas que están pasando en nuestro país, esta película que transcurre en la Argentina fue hecha por Italia y Brasil: no se pudo filmar en la Argentina, no hubo ningún fondo, ningún estímulo para poder filmarla”.
Y concluye que ese mismo vacío es, a su modo, parte del relato de la película: “La película cuenta hoy algo más allá de su historia en el tiempo: un país que tiene que exiliar casi a su cine. Lo habrán visto en otros festivales también: directores planteando que estamos pasando por un momento muy difícil en términos de producción cinematográfica. Así que estar acá es también poder traer esta palabra, es decir: estamos vivos y vamos a seguir haciendo cine como sea, y vamos a seguir contando nuestras historias”.
Trabajar con Marco Bechis
Jerez describe el método del director como una mezcla de libertad y precisión: “Marco es un artista. Tiene un carácter bastante impredecible para generar el caos que habilita la creatividad, y lo suma a una idea muy precisa de lo que quiere, una línea compositiva por parte de los actores muy fuerte. Nos dio mucha libertad para crear, para improvisar, para estudiar, para formar nuestros personajes, porque también hay mucho de nuestras investigaciones personales”.
Cuenta que ese trabajo personal la llevó a dos libros en particular: “Yo estuve entre dos libros autobiográficos y biográficos, La llamada y Princesa Montonera. Trabajar con Marco fue absorber lo máximo que podíamos de nuestra historia, nuestra cultura, esta historia en particular, y su visión como director: muy precisa, muy artística, de otra época también, aunque muy renovada su mirada”.
Nús recuerda cómo esa misma libertad se hizo sentir ya desde el casting: “Había algo que da un poco de susto a veces como actrices: cierta libertad, pero también esa precisión. En los castings, Marco me hacía inventar a mí los castings: pensá una escena y mandámela, sin estar todavía confirmada en la película. Era todo un trabajo de casi guionar una escena yo y pensar el personaje. A fin de cuentas, sin darte cuenta, estabas vos creando el personaje, y él aportando su mirada y guiándote en eso”.
Plot
Mariano Guerra es convocado a regresar a la Argentina para testificar contra los militares que lo secuestraron y torturaron durante la dictadura, la misma dictadura que organizó el Mundial de 1978 mientras el país era reprimido en secreto.