Presentada como evento especial en las Giornate degli Autori de Venecia 2026, El Fantasma sigue a dos productoras que reciben el encargo de realizar un cortometraje documental para una exposición dedicada a Rubén Santantonín, figura enigmática de la vanguardia argentina fallecida muy joven a finales de los años sesenta. El cliente impone una condición inesperada: el video debe realizarse junto con David Lamelas, antiguo colaborador de Santantonín y hoy figura de renombre internacional en el arte conceptual, que en la película se interpreta a sí mismo. Su director, Ignacio Masllorens, habla del origen del proyecto, del papel de Lamelas y de la situación del cine en Argentina.
Un Encargo que Pasa de Mano en Mano
El Fantasma nació de un encargo de Isla, el Institute for Studies on Latin American Art, cuenta Masllorens. “Isla ya había hecho un encargo para hacer otra película a la productora El Pampero Cine, y también les propuso hacer algo con el archivo de Rubén Santantonín, un artista muy poco conocido por múltiples motivos, pero del que tenían un archivo y querían hacer algún objeto audiovisual que le diera cierta visibilidad.”
Ocupados con otros proyectos, el equipo de El Pampero Cine decidió convocar a Masllorens: “La gente del Pampero dijo: ‘Bien, pero nosotros no podemos ahora, estamos muy ocupados, pero podemos convocar a un director para ver qué puede hacer con eso.’ Entonces, muy generosamente, me convocaron para hacer esta película.”
El formato, recuerda, no estaba claro desde el principio: “En un primer momento no sabíamos bien qué tipo de película íbamos a hacer, si iba a ser un mediometraje o un largometraje, si iba a ser un documental o qué. Empezamos a filmar, pero rápidamente nos dimos cuenta de que había que ser una ficción, o un híbrido entre documental y ficción.”
David Lamelas, Interpretándose a Sí Mismo
Entre las condiciones del encargo estaba también la participación de David Lamelas, antiguo colaborador de Santantonín. “Nosotros trabajamos con David, lo conocemos mucho, y nos encantaría que él participe del proyecto. Yo dije que sí inmediatamente, sin conocerlo a David, primero porque lo conocía como artista: parecía un tipo muy interesante por su obra, y tenía ganas de conocerlo.”
Contar con un artista vivo y activo, explica, cambiaba también las posibilidades de la película: “Si vamos a hacer una película sobre archivos o sobre un artista que ya no está, uno corre el riesgo de caer preso de esos materiales, que no tienen tanta vida, que son difíciles de poner después en marcha para hacer una película. La idea de contar con David, que es un artista que está vivo, que está activo, abría otras posibilidades. Y así fue, porque él se sumó al proyecto de una manera, se comprometió al cien por cien, y se interpreta a sí mismo.”
La película, precisa Masllorens, no busca burlarse del mundo del arte, pero sí mirarlo con ironía: “El mundo del arte me parece fascinante, me parece también muy gracioso, muy absurdo. La película es como una especie de choque entre el mundo del arte contemporáneo y el mundo del cine, que tiene cosas en común, pero también códigos diferentes: el mundo de los artistas, que están como por fuera de todo, y el mundo del cine, que es un poco más pragmático y un poco más conservador, que quiere hacer algo y hacer dinero. Me parecía divertido como punto de partida para generar un montón de situaciones medio graciosas o insólitas en torno a eso.”
Hacer Cine en Argentina, contra los Elementos
Como otros proyectos recientes del cine argentino en Venecia, El Fantasma se hizo en un contexto político adverso, cuenta Masllorens. “Nosotros siempre nos manejamos muy por fuera de los estándares industriales o los modos de producción industrial, que es la forma en que los estados financian cine. Sin embargo, en esta situación es algo que nos afecta a todos: el gobierno actual está atacando y destruyendo a un montón de películas que necesitan financiación privada, pero también necesitan del estado para acompañarlas.”
Un ataque, precisa, que no se limita al cine: “El gobierno actual nos ha puesto de enemigos, no solo a nosotros, también a la ciencia, a la educación, a la salud. Si bien esta película se manejó por fuera de los recursos estatales, y es algo que lo hubiéramos hecho aún con un gobierno en las antípodas de este, notamos que a nivel general la situación es crítica.”
Plot
Dos productoras reciben el encargo de crear un cortometraje documental para una exposición dedicada a Rubén Santantonín, una figura enigmática de la vanguardia argentina que falleció muy joven a finales de los años sesenta. Sin embargo, el cliente impone una condición inesperada: el vídeo debe realizarse junto con David Lamelas, antiguo colaborador de Santantonín y hoy figura de renombre internacional en el arte conceptual. Al principio, el plan parece claro y de alcance limitado: Lamelas, acompañado por un joven equipo de filmación, reúne material de archivo, documenta las pocas obras que se conservan y entrevista a curadores y artistas destacados —como Luis Felipe Noé y Marta Minujín— que, junto con Santantonín y Lamelas, formaron parte de la legendaria escena del Instituto Torcuato Di Tella. Poco a poco, Lamelas se da cuenta de que reconstruir la historia de su amigo también implica enfrentarse a una serie de lagunas y contradicciones.