En su recién estrenado “Este cuerpo mío”, Afioco Gnecco, director ítalo-chileno afincado en Madrid, presenta una historia que nace de su necesidad personal de reflejar las trans masculinidades en el audiovisual. El documental “Este Cuerpo Mío” fue grabado en España y Chile, en distintos momentos relevantes de su proceso de transición, con el objetivo de ofrecer una narrativa honesta y sanadora. La entrevista, realizada en DocumentaMadrid 2026, busca profundizar en las motivaciones y el impacto de la película, que ha tenido una gran repercusión entre la comunidad trans y queer, y en cómo “Este Cuerpo Mío” contribuye a visibilizar estas experiencias.
El poder del retrato en “Este Cuerpo Mío”
El director explica que la película surge de su propia experiencia y de un proceso terapéutico que le ayudó a sanar y a entenderse mejor mediante el acto de grabar. La cercanía y la confianza con la coprotagonista y codirectora Carolina Yuste, a quien Afioco Gnecco describe como “hermana de vida”, fueron claves para capturar momentos íntimos, que inicialmente no tenían una finalidad artística, sino un objetivo de autoconocimiento. La filmación se convirtió en una forma de hacer terapia y ofrecer un reflejo real tanto de las luchas y las ansiedades como de los momentos positivos de los procesos de transición transmasculina, dando voz a quienes aún no tienen referentes en la narrativa audiovisual. “Este Cuerpo Mío” también busca que otras personas en la misma situación se vean reflejadas y se sientan acompañadas en sus experiencias.
El impacto y la recepción de la película en diferentes públicos
El director relata que fue durante los pases y los encuentros con el público cuando tomó conciencia del alcance de su obra. La película ha demostrado ser muy transversal, llegando a personas que no necesariamente se identifican con la comunidad queer o trans, pero que empatizan con la historia. Los coloquios han sido intensos, con momentos de emotividad y catarsis, en los que espectadores, incluidas personas mayores o ajenas al mundo queer, se han visto reflejados y han podido comprender otras realidades. La obra también ha permitido abrir un espacio de diálogo familiar y de aceptación, como el que experimentó en Chile con su familia, donde encontró una aceptación que inicialmente temía inexistente. Para Afioco Gnecco, “Este Cuerpo Mío” es una forma de reivindicar la historia de las disidencias, el concepto de familia de sangre y familia escogida, y de fortalecer el vínculo entre identidad y cultura, como se evidencia en detalles como su referencia al cuadro de la mujer barbuda de Giuseppe de Rivera y otros homenajes a cineastas como Agnès Varda.
El rol de las referencias y la historia del arte en la narrativa
Atento a sus influencias, Afioco Gnecco destaca la importancia de la pintura y el cine en su obra. La referencia a cuadros históricos y la influencia de Varda enriquecen la manera en que construye su relato. La evocación del cuadro de la mujer barbuda de 1591, que abre y cierra la película, funciona como símbolo de las personas que siempre han existido en la historia, desafiando las nociones de normalidad y representando las disidencias desde siempre. Estos homenajes y referencias artísticas refuerzan el mensaje de que la diversidad y las identidades trans han sido parte del patrimonio cultural, no una moda pasajera. El documental “Este Cuerpo Mío” busca reivindicar esa historia oculta, jugando con el lenguaje visual y la historia del arte para dar voz y reconocimiento a estas identidades, presentes en la historia y la cultura durante siglos.
Plot
Unidos por una amistad profunda, Rafael (Afioco Gnecco) y Carolina (Carolina Yuste) emprenden un viaje físico y emocional que acompaña los primeros años de la transición de género de Rafael. Entre paisajes remotos, vulnerabilidad compartida y pequeños gestos de resistencia cotidiana, la película construye un retrato íntimo y luminoso sobre la identidad, el afecto y la búsqueda de un lugar propio en el mundo. Más allá del relato de transición, el film convierte la amistad en refugio y propone una mirada sensible sobre los cuerpos, la transformación y la necesidad de ser mirados —y aceptados— desde la empatía.