Este año, entre las películas en competición por el Globo de Cristal de la edición del Festival Internacional de Cine de Karlovy Vary 2026, Colombia está representada con tanta fuerza como elegancia por Cinco años, cuatro meses, el segundo largometraje de Esteban Hoyos García y Juan Miguel Gelacio.
El dúo, que se conoció durante sus estudios de cine en la Universidad Nacional de Colombia, ha realizado varios cortometrajes y un largometraje, Selva (2025), también escrito y producido por ellos (a través de la rebelde productora Selva Producciones, un espacio de creación cinematográfica colectiva dedicado a trabajar bajo modelos de producción horizontales que desafían las lógicas industriales dominantes en el sector), así como Cinco años, cuatro meses.
Esta nueva película retoma asimismo el motivo de la deambulación de un ser suspendido al margen de la vida ya presente en Selva (donde, tras cinco años trabajando en un call center a vivir una vida vacía sin sentido, un hombre perdido comenzaba a vagar por la ciudad), llevando el tema recurrente, en el cine latinoamericano, de la búsqueda de los desaparecidos no solo a Colombia, sino también en una dimensión cada vez más etérea rebosante de realismo mágico, donde desaparece la frontera con el más allá.
El peso histórico de un conflicto de décadas
Una historia marcada por la complejidad de la situación particular de Colombia y de su geografía:
J. M. G.: “Colombia tiene una situación muy profunda y es muy antiguo, o sea Colombia ha tenido un conflicto armado muy largo, ha tenido formación de grupos guerrilleros, ha tenido paramilitares… ha tenido la acción del Estado, y ha tenido una tierra que se ha ido descubriendo a lo largo del tiempo y que ha tenido colonos, han venido criollos, han llegado personas a la selva, han llegado personas a las sierras, y esto hace que el flagelo sea mucho más profundo de lo que uno puede entender sólo mencionando el grupo.”
“En este sentido, también esta convergencia de distintos grupos hizo que este flagelo fuera muy grande: hay más de 120,000 desaparecidos en Colombia, es una cifra gigantesca y nosotros en la película también representamos en específica una población que fueron los ‘falsos positivos’, que eran crímenes que perpetró el Estado contra jóvenes de bajos recursos, en lo cual se los llevaban con promesas de trabajo y los asesinaban para pasarlos como bajas de combate, como guerrilleros muertos.”
“En este sentido, pues claro, es una problemática que es muy grande, muy profunda y el cine tiene el deber de poco a poco ayudar a revelar un poco qué es lo que ha pasado, y entender un poco más profundamente todo lo que involucra este flagelo de la desaparición, que es algo demasiado complejo.”
La perspectiva de las madres buscadoras
El enfoque en la soledad y el dolor sin fin de una madre buscadora, para llegar, desde el concreto, hacia una dimensión más etérea:
E. H. G.: “Queríamos capturar el tema también desde esa otra perspectiva que es el de las madres que buscan, porque se ha retratado más el de los muchachos que desaparecen o que son asesinados, y sus cuerpos son enterrados, pero queríamos darle el contrapunto más emocional que es el de las personas que se quedan, y tienen que vivir con ese dolor tan profundo, no solamente de una muerte en la que se puede hacer un duelo, sino de una desaparición en la que ni siquiera hay una certeza de si esta persona está viva o muerta.”
“Entonces también era otra aproximación distinta que queríamos darle al tema de la desaparición que sentíamos que no se ha retratado tanto en el cine y era el de cómo se siente esa falta de respuesta, esa falta de cierre que sienten en estas mujeres que buscan a sus familiares.”
Conectar emocionalmente con el espectador
J. M. G.: “Realmente nosotros teníamos como objetivo que los espectadores puedan conectar emocionalmente con esta historia. [Existe, en Colombia], una conciencia del evento, pero en este caso nosotros queríamos traspasar esa conciencia a poder tener una empatía real, una emotividad, viendo la película, y para poder entender un poco lo que vive una madre que busca su hijo, hay que estar con ella, hay que verla, hay que poder sentir sus sentimientos.”
“La película trabaja a partir de eso, a partir de poder conectar con Martha emotivamente, y que eso nos lleve a una reflexión más profunda que la simple mención de un evento.”
Los sueños como respuesta ante la ausencia
E. H. G.: “La historia se fundamenta en una investigación que hicimos con varias organizaciones de mujeres buscadoras en Colombia y al escuchar sus experiencias, sus desafíos […], empezó a surgir el elemento de los sueños y de este mundo onírico como una respuesta cuando no hay otro tipo de respuesta.”
“Entonces empezamos a escuchar las que nos comentaban que aparecían sus familiares en sueños, que los veían, que obtenían algún tipo de respuesta, de qué les pasó desde los sueños, y así fue como también intentamos incorporar esta otra dimensión interna de las mujeres buscadoras, de esta vida interna que pasa de lo de lo más realista a este otro universo más onírico que también queríamos representar en la película.”
“[…] Lo que era importante para nosotros era estar siempre cerca de esta madre […] y compartir esas angustias tan profundas que siente ella, ese estado de duelo permanente. Y también queríamos que desde la estructura narrativa, se le diera, de cierta manera, un cierre al proceso, pero no queríamos que fuera un cierre que irrespetara estos procesos de búsqueda que realmente, en la realidad, finalmente no tienen respuesta.”
“Realmente la búsqueda jamás termina, para muchísimas de ellas, para la gran mayoría de ellas, simplemente al final no hay una respuesta. Entonces queríamos darle algún tipo de respuesta, pero sin ser excesivamente optimistas y sin darle un cierre completamente realista a la película, sino que más bien tuviéramos que ir a otra dimensión de la realidad, atravesar cierto umbral para llegar a una respuesta menos natural y realista, que pudiera mantenernos leales a esta idea y a este dolor de ellas, de que posiblemente jamás vaya a ver una respuesta.”
Martha no solo perdió a su hijo mayor, sino que hasta el día de hoy desconoce qué le sucedió a él y a sus restos. Tras años de búsqueda infructuosa, conoce a Sandra, quien le ofrece una última posibilidad, quizás su última esperanza: emprender un viaje a un lugar remoto donde la línea entre la vida y la muerte se difumina.